El museo de los corazones rotos

Por Florencia Benson.- 

En un mundo donde lo digital viene a poner en cuestión, ¿en jaque?, asuntos tan variados como el amor, las relaciones, la identidad; del mismo modo afecta el modo en que presentamos nuestras historias individuales y colectivas, sus hitos, su documentación y memoria. Mientras la museología se debate entre la integración y la extinción, una ex pareja de artistas croatas decidió armar una exhibición a partir de las ruinas materiales de su separación. Así, los objetos que alguna vez tuvieron alguna significación en su mundo privado –o ninguna: un objeto cotidiano, mundano, mudo, útil: un abrelatas, un platito donde sostener las llaves al llegar a casa; un suvenir comprado sin demasiada pompa, porque sí; se resignifican con el paso del tiempo, la adquisición de una nueva perspectiva, pero también con el hecho mismo de exhibirse, de integrarse a una nueva narrativa, pública esta vez.

museo corazones rotos 2

El museo fue fundado por dos artistas de Zagreb, Olinka Vištica, una productora de cine, y Dražen Grubišić, escultor. Luego de una relación de cuatro años que finalizó en 2003, empezaron a bromear acerca de que debieran armar un museo para albergar los objetos personales que sobraron de la división. Tres años después, Grubišić contactó a Vištica con esta idea, esta vez en serio. Empezaron a pedir a sus amigos que donaran objetos sobrantes de sus rupturas amorosas, y nació la colección, luego devenida en museo. Una visita de un tal John Quinn hizo que éste quisiera llevar la idea a Los Ángeles, con tanto éxito en sus presentaciones previas que el museo estadounidense ya es una realidad y se encuentra cerca de su fecha de apertura.

Una exhibición de esta naturaleza, no sólo habilita el permiso para sentirse vulnerable junto a un montón de extraños, sino que genera un sentimiento de camaradería e identificación con una experiencia que es, sin dudas, universal. Cada objeto –desde un vestido metido en un frasco, flores de papel enviadas en persona por una chica a la oficina de su chico, sólo para descubrir que en ese lugar nadie había oído hablar de él; frascos de colonia de un marido fallecido; lágrimas en un tubo— nos confronta con una historia concreta, con un corazón sintiente, una ausencia, un duelo y, quizás, con la esperanza de una nueva oportunidad.

 

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visitantes observando piezas de la muestra en Los Angeles

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