La logística imposible: #panamapapers y el nuevo escenario mundial de operaciones

Por Florencia Benson

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Estaba escribiendo un artículo acerca del Sepúlveda-gate cuando “explotó” la bomba de Panamá papers. En el primero, un hacker confiesa haber participado en maniobras de manipulación de la opinión pública, sabotaje de campañas e, incluso, de elecciones, en América Latina. En el largo exposé de Bloomberg, se lee una serie de maniobras de espionaje e información basura alimentada a las Redes Sociales, que luego usuarios reales consumen y comparten, “lavando” su origen:

En cuanto a Sepúlveda, su aporte era entender que los votantes confiaban más en lo que creían eran manifestaciones espontáneas de personas reales en redes sociales que en los expertos que aparecían en televisión o periódicos. Sabía que era posible falsificar cuentas y crear tendencias en redes sociales, todo a un precio relativamente bajo. Escribió un software, llamado ahora Depredador de Redes Sociales, para administrar y dirigir un ejército virtual de cuentas falsas de Twitter. El software le permitía cambiar rápidamente nombres, fotos de perfil y biografías para adaptarse a cualquier circunstancia. Con el transcurso del tiempo descubrió que manipular la opinión pública era tan fácil como mover las piezas en una tablero de ajedrez, o en sus palabras, “pero también cuando me di cuenta que las personas creen más a lo que dice Internet que a la realidad, descubrí que ‘tenía el poder’ de hacer creer a la gente casi cualquier cosa”.

Ahora bien, estas tácticas son utilizadas exclusivamente por la derecha continental, por una serie de razones, más bien materiales y logísticas. ¿Acaso los papeles de Panamá (PP) no destruyeron a más de uno de esos representantes de la derecha? Aparentemente, no tiene sentido.

Pero, existen una serie de ruidos que indican que tal vez sí, tal vez sean parte de lo mismo, y se trate meramente de reajustar la mirada, de lo local a lo global.

  1. Para empezar, la logística del filtrado es prácticamente imposible. Estamos hablando de 2,6 terabytes de información: 4.8 millones de emails, 3 millones bases de datos, 2.1 millones de PDFs (muchos de ellos, facsímiles). ¿Cómo se ejecuta, físicamente, esta monstruosa recolección, digitalización y envío de todos esos documentos? una sola persona no puede hacerlo, ni siquiera un grupo. Se necesita una infraestructura considerable. Es una operación 2000 veces (!!!) más grande que el último WikiLeak.
  2. Los documentos, luego de ser blanqueados ante un diario de segunda categoría en Alemania, recaen en una ONG de Washington DC. (Las malas lenguas afirman que está financiada por las fundaciones Ford, Rockefeller, y la Open Society de Soros, entre otros filántropos de renombre mundial).
  3. Los 4 grandes leaks anteriores eran sobre EEUU; éste, en cambio, es sobre el resto del mundo, mayormente el tercer mundo y los países no alineados en vías de desarrollo, BRIC y muy especialmente China y Rusia. También cayeron en la redada algunos socios ‘minoritarios’ europeos de EEUU, especialmente los ‘rebeldes’ como Islandia y Grecia.
  4. En la misma web de ICIJ/Panama Papers, hay dos grandes potencias que brillan por su ausencia en el listado de figuras políticas y allegados: Estados Unidos e Israel. Lo cual indica que esta “tormenta perfecta” no es otra cosa que un mensaje, de estas dos potencias bélicas, hacia el resto del mundo. Si los 4 leaks anteriores afectaron a Estados Unidos, este golpe “2000 veces más fuerte” es su contundente respuesta, indicando una clara supremacía en el nuevo tablero internacional de operaciones.
  5. Caso Argentina: como decíamos anteriormente, ¿qué sentido tuvo la larga y paciente siembra de la nueva derecha latinoamericana, si se iba a eliminar con tanta violencia su cosecha? Aquí caben dos especulaciones: a) están testeando a ver si y hasta dónde aguanta una crisis su nuevo bebé. b) fue un error humano, un error grosero de Durán Barba (encargado de manufacturar el candidato, pero se olvidó de un deliverable fundamental, que es que no sólo debe parecer, también deber SER). Ahí hubo una chain of command fallida, una laguna de responsabilidad, una fuga de la que nadie se hizo cargo (¿marketing? ¿legales? ¿finanzas?). En todo caso, es un error que termina recayendo en marcos peña, el CEO de la marca PRO. ¿Mauricio? es un Kagemusha, un proxy, o mejor dicho un protocolo: el primero de su generación, un virus que prendió exitosamente en la matriz social argentina. [Respecto a la doble moral del votante macrista/la opinión pública, quiero aclarar que “la moral” es un dispositivo de control social, algo que las clases dominantes imponen a los dominados pero de lo que ellos mismos están exentos o se toman de manera más flexible].

En todo caso, lo que aparecía en la superficie como una contradicción es, en realidad, una continuidad: estamos en lo que parece una nueva guerra fría, ya no nuclear sino informática, donde los ciberataques entre naciones están respaldados por una escalada armamentista sin precedentes.

Retomando el inicio de este artículo, en un escenario donde las grandes potencias se disputan la supremacía fraguando elecciones (propias y de otros países), manipulando a la opinión pública, espiando, sembrando desinformación y forzando, de este modo, entradas y salidas de mandatarios, ¿dónde queda la democracia? ¿existe aún y, en caso afirmativo, será la opción que los pueblos deban tomar a fin de garantizar su soberanía política, económica y cultural?

 

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