El debate como evento de campaña

Picante
Picante cruce entre Del Caño y Massa
  1. Los organizadores: si bien se quiso dar un “aura neutral”, las organizaciones detrás de esta iniciativa tienen, desde luego, sus propios intereses. A la cabeza de algunas de ellas se encuentran Fernández Meijide, Bordón, Llach, entre otros. La organización logística fue impecable, el reglamento estricto (excepto por Novaresio, quien directamente inventó sus propias reglas durante su intervención), pero eso no implicaba necesariamente un resultado acartonado, como mostraron Margarita Stolbizer y Nicolás Del Caño en varias oportunidades.
  2. Acontecimiento político: arriesgamos la hipótesis de que este debate constituye un acontecimiento político novedoso y game-changer en el juego político local. Sus consecuencias son de difícil previsión, más allá de que Scioli hubiera sacado la calculadora y constatado que su pérdida de votos por faltar es prácticamente nula. Lo cierto es que, para contrapesar su ausencia en el debate, tuvo que desembolsar una gran cantidad de energía con sendas apariciones televisivas de prime time, tanto él como sus alfiles. Se percibe un sutil pero (a nuestro parecer) trascendente cambio en la opinión pública respecto a la importancia del debate: algunos esgrimirán razones del orden republicano e institucional (como la mayoría de los candidatos presentes), pero será la minoría. Más relevante aún resulta que este debate permite que los candidatos se hablen entre sí, cara a cara, en tiempo real, frente a la gente. Es un cambio significativo respecto a la hegemonía de la comunicación vertical, mediatizada y mayormente unidireccional del candidato hacia el votante en las campañas electorales.
  3. Estrategias: a nuestro entender, Macri jugó a “flotar” (dado que quedó como el puntero, en ausencia de Scioli), y tiró pases amables a todos los demás candidatos. Sergio Massa fue a sobresalir, de modo de capitalizar la aparición televisiva, leyendo correctamente el acontecimiento como un evento de campaña inigualable. Margarita Stolbizer tuvo un comienzo fuerte y luego se fue desdibujando, a medida que aumentaba su exaltación disminuían sus propuestas en calidad e impacto. Rodríguez Saa se presentó sin preparación, confiando seguramente en su carisma y entregando unas intervenciones pobres. Nicolás Del Caño, el más joven y con menos experiencia, fue el más punzante y salió ileso del evento.
  4. Las perlitas: Rodríguez Saá y su “no soy el gobernador de San Luis”, Massa y la Fiesta de la Mermelada, Del Caño interpelando a Massa “con qué autoridad moral juzga el presentismo de los docentes, si usted faltó al 90% de las sesiones”.

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