«Forras del orto», o de cómo un mensaje original y honesto es la mejor estrategia

[Advertencia: lenguaje No Apto Para El Trabajo]

Con más de 80.000 likes en Facebook (hasta el momento en que la red social censuró su posteo y le congeló la cuenta, presumiblemente por el tipo de lenguaje que utilizó), e infinitos compartidos que eventualmente se trasladaron a la televisión, la radio y la cola del banco, el posteo de Juan Solá se convirtió virtualmente en el Manifiesto de #NiUnaMenos.

Y es que en el contexto de las Redes Sociales, siempre que se genera una gran ola de sentimiento colectivo aparece, indefectiblemente, una suerte de competencia por convertirse en el vocero, de picar en punta, de ponerle voz y palabras para alzarse con el trofeo de la reputación. Los intelectuales, periodistas, figuras políticas y organizaciones buscan expresar, con más o menos éxito, aquella indignación, consigna, eslogan o propuesta de un modo que destaque y sintetice el humor social del momento.

En medio del tsunami de #NiUnaMenos –la consigna que nació más o menos espontáneamente a partir de un grupo de mujeres periodistas y se esparció como pólvora a través de las Redes Sociales, y que culminó en una marcha/movilización masiva en distintos puntos del país— Juan Solá, un estudiante de cine de 26 años, chaqueño, radicado en Buenos Aires, posteó un descargo fresco, sincero, audaz y original desde el punto de vista de un hombre que empatiza con el sufrimiento diario del ser-mujer-en-esta-sociedad y que desea despegarse de la cultura machista que la amenaza. Un movimiento discursivo que es a la vez de des-marcación y solidarización con las víctimas, un ponerse del lado del más débil que, en un mismo acto, (d)enuncia y se rebela frente a la posición dominante que esta cultura pretende asignarle, e incita a sus congéneres a hacer lo mismo.

En #BASAT conversamos con el autor de la pieza acerca de la relación entre las Redes Sociales, los cambios culturales, la conversación colectiva y el rol del influenciador.

#B: Siendo un tuitero con muchos seguidores, conociendo las Redes Sociales como las conocés, ¿pudiste prever o anticipar la repercusión que tuvo tu posteo? En otras palabras, ¿cuál es la relación entre cálculo y espontaneidad para sobresalir en las RS? ¿Existe algo así como una «receta»?

Juan Solá: cuando escribí “Forras Del Orto” sentía una mezcla de enojo y desesperanza. Sentí que necesitaba decir algo aunque sólo pudiera llegar a un puñado de amigos con los que comparto el espacio virtual. De ningún modo esperaba la masividad alcanzada por mi publicación, mi voz no era más que otra voz, otro punto de vista. Sin embargo, muchos usuarios sintieron que lo que leían ahí, en esas palabras de un anónimo, era lo que ellos mismos querían decir, y creo que fue por eso que el post se compartió tantas veces. Si hay alguna “receta” para conseguir que un mensaje se difunda tanto no la conozco, pero me aventuro a decir que más allá de los ingredientes, acá el que tiene la última palabra es el comensal.

 

#B: ¿Cuál es, en tu opinión, el lugar de las Redes Sociales en el contexto del cambio social; cómo y cuánto impactan en nuestra forma de pensar, hacer y sentir cotidiano? ¿Son causantes, disparadores, son meros canales, o es una ilusión creer que las Redes Sociales nos empoderan? Concretamente, ¿qué pueden hacer las Redes Sociales para contribuir al cambio social respecto a la violencia de género, por ejemplo?

Juan Solá: Vengo de una ciudad pequeña, donde los amigos pueden encontrarse siempre después de trabajar o de estudiar, porque todo es acá nomás, a un par de cuadras. Buenos Aires es enorme, acá a los amigos les cuenta más encontrarse. Entonces, las redes sociales se configuran como una herramienta para achicar la geografía y ampliar las voces, presentándose como una nueva propuesta de espacio habitable. Entendemos a las redes sociales como si fuera la mismísima calle: “en Twitter dicen que…”, “en Facebook están hablando de…” Es gente real la que habla aunque lo haga desde atrás de un teclado y esto hace más o menos verosímil a este espacio ya que se ha validado el canal por donde se trasmite el mensaje.

 

 

#B: Actualmente, la percepción de las Redes Sociales parece dividirse entre quienes creen que son puro humo, versus los que opinan que «llegar» en las Redes Sociales equivale a algún tipo de éxito socialmente aceptable. Sin ir más lejos, Lucas Llach (candidato a Vicepresidente en la fórmula de Ernesto Sanz – UCR) se jacta de aportar su «peso tuitero» como capital político. ¿Cómo lo ves?

Juan Solá: Hoy por hoy entendemos a la redes como un espacio de ocio. Sin embargo, muchas personas han sabido abrirse camino en esta virtualidad para conseguir que su voz se alce por sobre la de los demás. Hay un grado de identificación entre el usuario y el contenido del mensaje o el sujeto que lo trasmite: cualquiera de estos aspectos puede conllevar a que el emisor sea seguido y apoyado por otros miembros de la comunidad virtual (en el caso de mi texto, por ejemplo, recibí muchos comentarios respecto a la fuerte identificación de los usuarios con el contenido que leían). Actualmente, contar con un buen número de seguidores tiene cierto peso y puede traducirse como capital, pero para esto debería establecerse que los seguidores consumirán todo el contenido generado por el emisor, y eso es algo difícil de conseguir y hacer perdurar en el tiempo.

 

#B: Por último, ¿qué opinás del trabajo de las marcas o empresas en las Redes Sociales? ¿Qué te parece que deberían o podrían aportar al espacio digital? ¿Qué cosas se están haciendo bien y qué cosas no?

 

Juan Solá: He notado un crecimiento exponencial en la presencia de marcas en redes sociales. A veces, puede resultar molesto leer contenido de productos a los cuales uno no eligió seguir, sino que aparecen como “sugerencias” pero ya no a un lado de la pantalla, sino en forma de post o de tweet en nuestro timeline. Debería buscarse una forma menos invasiva de atraer seguidores, porque en muchos casos la reacción conseguida es la opuesta: el usuario que se ve obligado a leer contenido tiene la potestad de bloquear a la marca emisora. No obstante, muchas marcas han optado por tener una presencia más amigable en las redes. El usuario es invitado a participar e interactuar con la marca o producto, que entonces asume una personalidad propia: responde, comparte, retwittea y likea a otros usuarios. Desde esa óptica, se desmorona la imagen multinacional inalcanzable de la compañía y se le da cabida dentro de un ámbito, podría decirse, más privado. A la gente le gusta experimentar la sensación de diálogo con productos de consumo o empresas que conoce, se siente escuchada y le da una idea más completa de participación: ya no es un Alex De Large obligado a mantener los ojos abiertos frente a una pantalla. Estos indicios de cambio de paradigma en la comunicación institucional y publicitaria se debe en gran parte al trabajo de los Community Managers que dejaron de lado las formalidades privativas de la publicidad tradicional, donde el espectador (o seguidor) está sometido a consumir sin la opción de participar.

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