Convertir lo negativo en positivo

El kintsugi o kintsukuroi era una técnica japonesa del siglo XV que consistía en unir, usando una laca especial y polvo de oro, las piezas rotas de un objeto de cerámica, cristal, porcelana u otros materiales como el bambú. Concebida como una forma de devolverle la vida a objetos rotos, pronto se popularizó debido a la elegante belleza que otorgaba a las piezas; hasta tal punto que, según las crónicas, a veces se rompían objetos adrede para poder volver a unir las piezas. El resultado era, verdaderamente, muy hermoso.

El kintsugi viene a cuento porque estas tres marcas que mencionaremos a continuación, lograron integrar ciertas percepciones negativas respecto a su producto o sus beneficiarios como parte de una narrativa más amplia, usando diversos recursos como el sentido del humor, la sensibilidad, la emoción, la curiosidad y la universalidad de los gustos particulares.

Pizza Hut lanzó una pizza rellena con Mitey, un menjunje adorado por los australianos (¿tipo manteca de maní?); esta pieza publicitaria muestra las reacciones de los no-australianos frente al producto y luego la de los australianos:

Laphroaig, una bebida alcohólica bastante fuerte y de sabor muy particular (¿onda Jaeggermeister?) introduce las distintas opiniones (sin guionar) de personas muy diversas al probar el producto:

Freedom Tattoos es una Organización Sin Fines de Lucro que transforma viejos tatuajes carcelarios en nuevos, hermosos y radiantes estandartes de aprendizaje y renovación (¡!):

 

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