El escenario post-kirchnerista: el amor después del amor

Sergio Berni, un emergente político que arrasa en las encuestas
Sergio Berni, un emergente político que arrasa en las encuestas

Un fantasma recorre la Argentina en estos días, y es el fantasma de la vuelta a los ’90. Indudablemente, su sombra está ahí, pululando, rozándonos, pero: ¿nos está acechando, o está perdida y desvariando?
Me explico.
Desde Perón, los gobiernos peronistas más sinceros (frontales, innovadores y solidarios) han tenido siempre un sabor a efímero, a una coincidencia única y afortunada del Destino que jamás podrá volver a repetirse y que, por tanto, estaría condenada a desaparecer, a ser feroz y viciosamente aniquilada por la oligarquía inmortal y sus seguidores bobos (los de las clases medias y bajas poseídos por el hechizo de la falsa conciencia).
Precisamente, el “fin de ciclo” vendría a ser ese escenario apocalíptico propicio para el regreso del fantasma, su circunstancia inmediatamente anterior y su contexto. Los historiadores y cientistas sociales del futuro dirían algo así: “en el marco de un fin de ciclo signado por el desgaste y la falta de un sucesor claro, emergió la figura de sarasa sarasa y todas las buenas medidas que había instaurado el kirchnerismo fueron borradas de un plumazo”.
Bueno. La realidad es que Perón tuvo unos detractores implacables, mucho más duros que los que enfrentaron Néstor y Cristina, porque su contexto socio-político habilitaba los tanques y la violencia de una manera que hoy está ciertamente vedada. Aún así, la mayoría de sus medidas políticas y sus innovaciones sociales perduraron en el tiempo (no sin luchas) y su recuerdo, si bien despierta algunos fanatismos de un signo y de otro, está asociado mayormente a esos enormes progresos que él mismo diseñó e implementó.
Volviendo al presente, entonces, ¿qué hace pensar a algunas minorías intensas (de un lado y del otro) que este “fin de ciclo” (del kirchnerismo-tal-como-lo-conocemos) sería tan trágico y determinante, es decir, tan dramático?
Creo que esa carga dramática viene signada por el carácter mismo de “la Gesta K”, que durante once años conjugó medidas políticas de gran impacto y alcance (desde la Corte Suprema, pasando por Unasur, aumento de reservas, superávits gemelos, empleo, paritarias, las AFJP, AUH, Ley de Medios, Aerolíneas, YPF, Matrimonio Igualitario y un largo etcétera) con gestos de una gran carga emocional que han quedado grabados en la memoria colectiva (bajar el cuadro, No al ALCA, Cristina bailando en los festejos del Bicentenario, el legendario encuentro en el Luna Park, el abrazo latinoamericano –Lula, Evo, Chávez, Néstor–, la reivindicación de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el fin de la impunidad –era punto y seguido, nomás–, la muerte de Néstor y su velatorio masivo, etcétera). Esos gestos, si bien no forman parte de las medidas políticas de un gobierno, tampoco están al margen de él: constituyen la plusvalía emocional de este movimiento, que es a la vez capital político y bomba de tiempo.

***
Por un lado, hoy en día parece instalarse, a modo de balance, la noción de que el kirchnerismo ha sido una gran victoria cultural conjugada con cierta derrota económica. La hiperbolización de los elementos emocionales en el discurso kirchnerista y antikirchnerista hicieron que la discusión económica pasara a un segundo plano y, al mismo tiempo, se cargara la discusión con apreciaciones ideológicas (fenómeno bienvenido por unos y denostado por otros).
Por otro lado, se aprecian figuras emergentes en este último periodo que manifiestan cierta ruptura frente a instancias anteriores del mismo movimiento: D’Elía, Hebe, Milagro Sala, Sabbatella, Aníbal, Moreno, eran alfiles muy diferentes a Randazzo y Berni. La única excepción o continuidad parece ser Mascherano, digo Kiciloff, que plantea con erudición y desparpajo los intereses de la Nación directamente en el backyard de los chicos malos. Pero Kiciloff no es candidato.
Y a esto quería llegar: los números de las encuestas para medir a los pre-candidatos a presidente en 2015 hablan de una meseta Scioli-Randazzo-Massa-Macri que, lejos de ser un dato, ya parece consolidarse en tendencia. Cada candidato representa, desde luego, algo similar y también presenta sus matices. Scioli, como un cuasi hijo pródigo, está diciendo que él es un hombre de acción pero también es un animal político, puesto que no cae en las trampas y errores burdos en los que caen sus contrincantes opositores. Massa, el hijo “expulsado” (pero producto, sin dudas, de este mismo modelo al que hoy se opone) está apuntando hacia el “voto tilingo”, el voto de la nostalgia noventosa, adentrándose así en territorio macrista (y perdiendo puntos, parecería). Ha de recalcarse que este “voto noventas” es producto directo del mayor bienestar económico y social que produjo la década kirchnerista, porque de otro modo no serían posibles la frivolidad y el engaño de que se puede ser tilingo sin ser rico. (En los sectores medios-bajos, la identificación con la tilinguería es una expresión aspiracional). Por “tilinguería” me refiero aquí a una pose muy estudiada que contiene algo de cinismo, individualismo extremo, frivolidad irónica, nihilismo light y una pizca de esnobismo (lo justo y necesario).
El candidato Randazzo, por su parte, viene a ser el “clon K” de Scioli, un igual pero dentro de las filas (lo cual es un fenómeno curioso, porque Randazzo no tiene un pasado profundamente kirchnerista, menos aún comparado con Scioli). Y Sergio Berni, como fenómeno nuevo y rupturista, hay que leerlo como un emergente acotado, específico, cuya función es limitar por derecha y convertir en obsoletos a los competidores opositores. Es la respuesta “real” del Gobierno ante la refractabilidad semiótica del problema de la inseguridad, que, en el conurbano bonaerense y en otras partes del país, se traduce sencillamente como la batalla entre la vida y la muerte. Sin matices, sin contextos, sin atenuantes y completamente inexorable: o se está muerto, o no se está.
Si bien tanto Massa como Scioli (y Randazzo) apuntan a representar un peronismo sanitizado, aséptico, políticamente apto y económicamente moderado, la promesa fundamental es la misma: “no más quilombo”. Parecería que el escenario post-épico ha dejado un saldo emocional en los votantes, algo así como un agotamiento (feliz, para algunos, angustioso para otros) al bajarse de una larga montaña rusa a la que no van a querer volver a subir por un tiempo. ¿Significa esto que van a querer volver a los ’90? Parecería, a priori, un salto demasiado grande, una presunción sin fundamentos. La memoria del votante no es tan corta ni tan caprichosa como algunos creen. Simplemente, parece mas bien una elección de lo menos malo, sin un sucesor claro del kirchnerismo-tal-como-lo-conocemos a la vista. La realidad es que el kirchnerismo-tal-como-lo-conocemos demanda un liderazgo y un carisma que los actuales candidatos no poseen, una frontalidad y un desparpajo de saco cruzado y mocasines gastados, de candombe popular, de ideas bellas y fulminantes. Ante esa ausencia, quizás el votante apele a una instancia de descanso, que no es lo mismo que un cambio, para retomar la carrera hacia la misma meta.

10 comentarios en “El escenario post-kirchnerista: el amor después del amor

  1. Como diria Manolo Rossato, muy intelectual. Aunque no por ello menos valioso. Pero para ser fieles en la parafrasis, el fantasma que se cierne sobre Argentina es el espectro del peronismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las usinas de la vieja Argentina.
    Yo le tendria un poco mas de fe a Randazzo con un buen acompañante para la Provincia que ponga orden y administracion, No le parece?

  2. Cope artículo. Lo que me interesa es que analiza al electorado. Porque, al final votan (votamos) todes. Y ese es el resultado que define: el del electorado completo. Tomás datos y sondeos y polemizás. Muy bien, por cierto.

    Creo que para pensar opciones para transformar este proyecto para lo que algunes pensamos es mejor para el campo popular hay que analizar los sondeos de opinión, ser realistas, y no tenerle miedo a ver a los candidatos como… bueno, candidatos. Más allá de lo que cada cual después considere es mejor para el campo popular (particularmente, no soy amigo de la idea de moderación).

    Creo también que Macri, Scioli y Randazzo representan opciones fuertes a nivel electoral. Y sí es cierto que Randazzo y Scioli están haciendo campaña mostrándose como opciones moderadas respecto a CFK. Son los que más miden, y eso no es magia: es laburo político que se levanta en las encuestas

    Creo también -al menos eso pienso hoy- que el kirchnerismo tal como lo conocemos se termina en 2015. Termina en tanto (tiene la posibilidad de que se) transforma. Es lo que sucede con los procesos históricos. Por ejemplo, el chavismo sin Chavez cambió. Y mucho, con Maduro. Pa poner un ejemplo burdo y picantón.

    Lo que pasa es que en el relato militante, épico, y el anti K rabioso, es a todo o nada, patria o buitres, fin de ciclo o profundización… Muchos militantes convencidos no pueden tolerar la idea de cambio, mínimo, xq lo ven como una derrota. Grave error; dictamen de ahistoricidad.

    Desconocer eso es a mi entender una burrada ideológica que embarra la lectura de la realidad. Todo bien con las emociones y esa cosa maravillosa que nos pasa a todes los que estamos comprometidos con esto, desde las tripas. Pero también precisamos frialdad para analizar. El de CFK es un perfil que imprime LA marca al kirchnerismo. Y se va. Y eso le quita LA marca, al menos, y como mínimo, tal como la conocemos hoy. Por lo que el kirchnerismo, si continúa, esté o no en el poder del Estado, va a ser otra cosa. Y eso no tiene nada de malo, per se. Muchos hablamos de la necesidad de profundizar para transformar. Bueno, es eso.

    Después, el análisis de la historicidad del peronismo, fin de ciclo, etc… tengo posición diferente al respecto.

    En definitiva, cope post, xq animás lo que te parece puede suceder a la hora del voto si éstos son los candidatos que supimos construir.

    Y si no gusta…don’t shoot the messenger

  3. Américo: me interesa eso que decís de Randazzo, convenceme 🙂

    Marcos: ¿en qué sentido tenés una posición diferente frente al postulado del fin de ciclo? Por lo que mencionás en tu comentario, vos también percibís un fin del kirchnerismo-tal-como-lo-conocemos en 2015. Me interesa mucho este matiz, si podés elaborarlo un poco sería genial… besos!

    1. Me refería a la parte inicial de tu post, azuzando un toque a los peronchos (hay izquierdosos, hay peronchos) fundamentalistas de épica, etecé, etecé, etecé.

      Pero viene bien tu pregunta, porque releo y hay una parte que no desarrollé bien. Cuando digo “… Por lo que el kirchnerismo, si continúa, esté o no en el poder del Estado, va a ser otra cosa. Y eso no tiene nada de malo, per se…”, me refiero a que el kirchnerismo, como Peronismo del Siglo XXI (arriesgo corajudas mayúsculas), en tanto corriente hegemónica dentro del movimiento, es un proceso histórico, y está condenado al cambio, a la evolución. Y eso implica dejar de ser lo que es hoy tal-como-lo-conocemos.

      Hasta ahí, un énfasis sobre un punto re contra re mil básico de la teoría científica de la realidad. Pero considero que necesario, muy.

      Ahora bien: no me da EN ABSOLUTO lo mismo que el kirchnerismo-que-sepamos-hacer post 2015 esté o no en el poder del Estado. Por eso , en parte, es que no soy fana de la idea de moderación.

      Besos y abrazos 😉

      1. Muy interesante. ¿Podrá mantener la hegemonía el kirchnerismo post 2015? Ahí sí que no arriesgo respuesta: el tiempo dirá. Lo que sí está claro es que los militantes tendrán que hacer mucha fuerza –y poner el cuerpo– para que las victorias kirchneristas no se desvanezcan con el próximo gobierno, para sostener el hiato de modo que no se convierta en cambio. De nuevo: ¿es esto posible? ¿Es esto posible en un movimiento sin sucesores? ¿O habrá que esperar otros 50 años?

        No sé, te la dejo 😉 besos

  4. Para continuar su imágen del “fantasma que recorre…”, le agregaría que “la historia se repite…”, mas allá de que la primera vez sea como un drama y la segunda como farsa.

    Para agregar una vivencia personal, le diría que tanto durante la dictadura militar como durante los 90, a menudo tenía que pellizcarme, porque simplemente no podía creer lo que estaba sucediendo.

    Despues miro lo que acontece en Europa, escucho a Macri o Sturzenegger y concluyo que el retorno a los 90 está a la vuelta de la esquina.

    1. Político Aficionado: la historia no se repite jamás. A menos que nos estemos basando en clichés que de científicos no tienen nada 🙂 abrazo y gracias por pasar

    2. Coincido en que el retorno a los 90 está a la vuelta de la esquina y, si ocurre, será protagonizado por los mismos de la saga anterior. Pero, si “la historia no se repite jamás” (lo cual es discutible y da para otro post), en este caso será porque las circunstancias políticas, sociales y económicas son diferentes a las reinantes durante el advenimiento del neoliberalismo noventista. No somos los mismos, estamos sobre aviso, estamos preparados y somos muchos. Por estos motivos (y solo por estos), la chance de repetir la historia es, cuanto menos, dudosa.

      1. Perdón, pero no hay discusión sobre si la historia se repite o no. Eso no es discutible. La historia no se repite, y “… lo que parece una repetición es una vuelta en espiral dialéctica inexorable…”. Es una de las pocas leyes de la historia que no se modifican

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