En qué piensan los argentinos politizados

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Nuestro socio, Abel Fernández, ha publicado en su blog personal estas reflexiones. Pensamos que serían de interés para los lectores de #BASAT.

Una queja habitual de los moralistas y en general de los críticos de la política (gran mayoría de los argentinos) es que la lucha por el poder, las ambiciones personales, subordinan, desplazan de la atención pública, a los grandes temas nacionales.

¿Saben una cosa? Hoy es al revés. Queda menos de un año para la instalación de las candidaturas que van a disputar el gobierno de la Nación, y también de casi todas las provincias y ciudades. En algunos de estos casos, falta menos de un año para las elecciones.

Y sin embargo, a pesar de todas las noticias que llenan los medios sobre las actividades de precandidatos y otras figuras políticas, se percibe con claridad que el interés de los argentinos está volcado en otras cosas.

Ésta no es sólo una percepción subjetiva. Cualquier exploración – rápida o en minucioso detalle – de las redes sociales masivas, Facebook y Twitter, para no hablar de la blogosfera politizada, muestra que los argentinos comentan, se apasionan y se preocupan mucho más por el conflicto con los fondos buitres, el impreciso default y, en los últimos días, por el nieto recuperado n° 114, Ignacio Hurban/Guido Carlotto, que por las declaraciones de cualquier dirigente.

Me animo a decir que esto habla bien de nuestra sociedad. El fallo del juez Griesa y las estrategias que ensaya en respuesta el gobierno ponen en juego, al menos en algún grado, el bienestar (o malestar) actual de todos nosotros y el desempeño futuro de nuestra economía. El episodio de un bebé arrebatado a su madre que 37 años después busca su identidad, toca profundamente en nuestras sensibilidades. También, es una indicación de valores y preocupaciones que se han ido incorporando a la conciencia colectiva y que se muestran en ocasiones como ésta. Es más humano, y también más maduro, interesarse en esas cosas, y no tanto por una identidad partidaria o el apego a algún candidato.

Por supuesto, esto también tiene consecuencias políticas. En ese espacio, el concreto de la inevitable puja por el poder, estos temas – “issues”, como los llaman en los Estados Unidos – aumentan el protagonismo del gobierno. Esto se refleja en las encuestas, que muestran un aumento en la valoración de la figura presidencial, Cristina Fernández. Es natural: en estas circunstancias, el gobierno es el actor político que puede tomar decisiones concretas.

Y también es aquel cuyas políticas han llevado a las situaciones presentes. Por eso, los opositores, cuya atención tendía, inevitablemente, a volcarse hacia las perspectivas de la cada vez más cercana renovación en 2015, retoman ataques enconados contra la Presidente, el kirchnerismo y/o el peronismo. Para compensar una cierta irrelevancia en el presente. Eso se ve en los medios que recogen las declaraciones de la oposición; y también podemos verlo en las redes sociales.

Por mi parte, que siempre he insistido en la necesidad de preparar las políticas y los proyectos que pugnarán por dar forma a la nueva etapa, que en ningún caso será una simple continuidad del presente… Por mi parte, digo, no me preocupo. El armado de coaliciones, y la elaboración de las consignas, los símbolos de esperanzas y temores con que se disputará la presidencia, es el trabajo de los políticos. Que lo están haciendo. Mal o bien, pero están enfrascados en eso.

La gran mayoría de los argentinos, precisamente a través de los temas que los mueven o preocupan, están determinando cómo deben ser las propuestas que los convoquen cuándo lleguen, en un futuro cercano, en un escenario no muy distinto al actual, las PASO y las elecciones. Y también los límites de lo que puede hacer un futuro gobierno. A ese respecto, recomiendo la lectura de la nota del 9 de agosto en La Nación de uno de los opositores más lúcidos, y también encuestador, Eduardo Fidanza, ex de Poliarquía: Ahí advierte “El empleo, la política social y las jubilaciones constituyen la última frontera, el territorio que la sociedad no quiere resignar“.

Lo que me dejó pensativo es un apunte en un posteo en su blog personal, Ramble Tamble, de otro encuestador, Artemio López. Él apoya decididamente al actual gobierno, y dice que éste es el momento para matar el pasado. Su nota es parte de su polémica contra la candidatura presidencial de Daniel Scioli por el oficialismo. Forma parte de esa necesaria puja política que va forjando los proyectos, las coaliciones que se enfrentarán, a más tardar, dentro de un año en las PASO.

Pero me hizo recordar, al referirse a la elección de 2005 en que Duhalde fuera derrotado, algo que todo político práctico debe conocer en sus huesos: al votante hay que hablarle del futuro. Por lo menos, también del futuro. Y – más allá de atacar o defender al gobierno actual – no veo a ningún candidato posible que lo esté haciendo.

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