El juez Griesa y la política argentina.

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La sentencia de un juez neoyorquino en un juicio iniciado hace más de diez años por tenedores de bonos argentinos se convirtió en estos días en el hecho central de la política y los medios de comunicación locales.

En el blog de una consultora dedicada a la comunicación me parece que vale la pena reflexionar sobre las consecuencias que va a tener en ese escenario.

Dada la naturaleza enconada de la puja política interna en estos años, el asunto pasó casi de inmediato a ser parte del enfrentamiento entre oficialismo y oposición. Esto ha sido muy visible en los medios y también en las redes sociales. Aunque la discusión de temas como éste es sólo una parte menor de su contenido, nos permiten ver en un muestreo muy amplio las actitudes de los sectores politizados de la sociedad.

Los partidarios del gobierno de Cristina Fernández reivindican su actitud patriótica, de defensa de los intereses argentinos. Y acusan a “los buitres de adentro“. Sus opositores, también muy vocales, acusan de torpeza y de ceguera al gobierno, y llegan a mostrar cierta satisfacción por la severidad del juez Griesa y la dureza de los especuladores que ganaron el juicio. Su posición sería, más o menos, “los kirchneristas se lo merecen“. En un nivel un poco más sofisticado, los medios opositores acusan al gobierno de “malvinizar” la cuestión. Es decir, de convertir un problema legal-financiero en una definición de patriotismo.

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Ahora, todas las encuestas serias nos indican que estas actitudes son patrimonio de “minorías intensas”. En la mayor parte de la población se registra un aumento, moderado, del respaldo al gobierno. Lo que es natural, y legítimo. Más allá del encuadre jurídico y técnico del caso – demasiado complejo para nadie que no sea un experto, a la vez, en el mercado internacional de bonos y en la legislación norteamericana – está muy claro que los que litigan contra el Estado argentino no se interesan en el bienestar de sus ciudadanos sino en su propio interés. Y que el gobierno sí defiende los intereses nacionales.

Una indicación que esta lectura es correcta la da la actitud de la dirigencia opositora. Con excepción de Elisa Carrió, que ha elegido el rol, y el espacio, de opositora sin límites al kirchnerismo y al peronismo en general, y que atacó furiosamente cualquier atisbo de solución, por más dudoso que fuera (como la versión que bancos argentinos negociarían con los fondos buitres), y, en los últimos días, de Mauricio Macri, que ha optado por asegurarse el voto opositor elevando su visibilidad, el resto del espectro opositor han mantenido un cauto silencio o han repetido banalidades que no aseguran titulares periodísticos.

Esa acusación de “malvinizar” debe servir para recordarnos algo: Un gobierno que levanta banderas nacionales contribuye a sumar detrás de sí a una parte mayoritaria del pueblo, en todos los países que no están muy enfermos. Esto es válido en EE.UU., China, Francia… ¿Por qué no habría de serlo en Argentina? Pero también le exige que triunfe, o, por lo menos, no ser derrotado en forma aplastante.

Abel Fernandez. 

 

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